3. CUIDADOS E HIGIENE
La piel es una de las principales barreras defensivas del organismo frente a las infecciones y otras agresiones externas. Es, además, un importante órgano de relación para el ser humano, ya que en ella se alberga el sentido del tacto. La piel es la parte de nuestro organismo que nos protege de las agresiones exteriores. Por tanto mantener la piel en buen estado supone un beneficio para nuestra salud.
Para mantener una correcta higiene de la piel es preferible el hábito de la ducha frente al baño. La ducha debe realizarse diariamente. De esta forma se favorece la transpiración y se minimiza el riesgo de padecer determinadas enfermedades dermatológicas, fundamentalmente las de origen infeccioso.
Se deben llevar a cabo hábitos diarios básicos que influirán en su buena conservación. Los cuidados básicos del rostro deben empezar con la limpieza, para eliminar restos de secreciones, suciedad o los residuos de los cosméticos empleados. El agua no es suficiente para limpiar la piel, por ello es recomendable utilizar jabones que ejerzan una acción detergente, evitando su uso en pieles sensibles o secas, ya que favorecen la desecación.
Actualmente existen productos sintéticos muy bien tolerados por la piel.
Para la eliminación de olores corporales se utilizan desodorantes o antitranspirantes. Además, estos últimos tienen la finalidad de eliminar las secreciones.
Para proteger la superficie cutánea se utilizan diferentes cremas, lociones y geles en función de la edad, tipo de piel o zona del cuerpo donde vayan a ser aplicados. La función de estos productos es evitar la desecación de la piel, conservarla sana, protegerla contra los agentes externos y, por último, restablecer su estado normal, en el caso de que la piel sufriera alguna alteración.
Hasta hace poco las cremas se clasificaban según el momento de su aplicación así existían cremas de día y de noche. Hoy en día también se denominan según la función que cumplen: hidratante, fotoprotectora, antienvejecimiento, nutritiva, entre otras.
Por sus peculiaridades la piel infantil debe protegerse especialmente frente al frío, el sol y otros agentes atmosféricos. Para ello deben utilizarse productos adecuados y cuidar de manera especial el aseo de las zonas más expuestas a agresiones; como las zonas del pañal, o de la cara.
La acción atmosférica, el viento, el frío y el sol dañarán menos la piel cuanto mejor protegida esté. Las cremas hidratantes con factor de protección y los fotoprotectores son imprescindibles para evitar problemas como la desecación, los eritemas o las quemaduras, e incluso a largo plazo el envejecimiento y cáncer de piel.


















